Frederick
En ese preciso momento me sentía el idiota más grande del mundo. Sentía como la sangre me hervía en las venas, nunca me había considerado un tipo celoso, muy por el contrario, siempre me sentía seguro de mi mismo, pero en aquel mismo instante sentía deseos de empujarla contra la baranda y besarla hasta dejarla sin aliento. Hasta que le quedara claro a él y cualquier otro que Leah no estaba libre y yo no estaba pintado en la pared.
—¿Están libres para cenar conmigo después?
Me mordí