Frederick
Catriona trotó hasta mi coche, llevaba unos anteojos de sol y una bufanda de seda en la cabeza como Audrey Hepburn. Negué con la cabeza al verla, si su objetivo era pasar desapercibida, no estaba seguro de que lo lograse con esos Dolce Maxi con montura de animal print y la gabardina que gritaban: «¡Estoy loca!»
Iba tarde, lo que no era una sorpresa en absoluto, por suerte había llegado antes de que Daniel saliese de su casa. Fuera, lo esperaba un auto con chofer desde hacía diez min