Las mejillas de Alana parecían dos cerezas, más cuando Osiel tomó su mano, la jalo más cerca suyo y le dio un pequeño beso en los labios, provocando los susurros inmediatos de todos aquellos que estaban a su alrededor, y sin más abrió la puerta del vehículo, como todo un caballero para que la joven ingresara, algo que Alana hizo de inmediato, tratando de escapar de la vista de los curiosos que ya estaban preguntando el nombre de la afortunada.
—Diosa, no puedo creer que hayas hecho eso. —le rec