Capítulo 45. Lo que no se dice, y lo que sí
Lionel tragó saliva con dificultad. La garganta le ardía, pero forzó las palabras. Salieron rotas, apenas un hilo ronco, pero claras:
—Estoy… feliz de verte aquí.
Viola lo miró sin cambiar de expresión. Permaneció sentada en el sillón, las piernas cruzadas, una mano apoyada con elegancia sobre la rodilla. Cuando habló, la voz le salió calmada, casi indiferente.
—Pues yo hubiera sido más feliz si no volvía a verte.
El silencio que siguió fue denso. Lionel no apartó la mirada. Ella sostuvo la de