Una sensación inquietante recorrió a Becca junto al escalofrío que congeló su espina dorsal. Él estaba... diferente sería la palabra más adecuada. Algunas canas espolvoreaban sus sienes, y tenía unas diminutas arrugas alrededor de sus ojos. Su cuerpo era más delgado, aunque seguía siendo fibroso pues podía ver sus músculos marcarse en su camisa de cuadros. Pero lo que más la inquietaron fueron sus ojos. Antes risueños, incluso con un dejo de malicia, hoy eran dos pozos de un inconmensurable dol