Capítulo 3. La hija perfecta
A la mañana siguiente, la mansión Grant despertó envuelta en la rutina impecable de siempre. El aroma a café recién hecho, croissants calientes y fruta fresca flotaba desde el comedor principal, donde Margaret, la cocinera que llevaba más de diez años con la familia, ya había preparado un desayuno completo y elegante.
Lionel bajó las escaleras con el rostro tenso y ojeras marcadas. Apenas había dormido después de ese sueño perturbador. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a sentir la lengua cá