Capítulo 28. Una amarga verdad
Al día siguiente, la noche había caído sobre la ciudad envuelta en un silencio inquietante. En la habitación del hospital solo se escuchaba el pitido constante de los monitores y el suave murmullo del oxígeno entrando en los pulmones de Rachel. Durante la tarde había sufrido una nueva descompensación y los médicos habían decidido mantenerla en observación permanente. Aunque habían logrado estabilizarla, nadie podía asegurar cuánto tiempo más resistiría.
Lionel permanecía de pie junto a la venta