Las ridiculeces del amor.
Esa mañana, Isaías estaba furioso, tanto que no quiso desayunar; sin embargo, en lugar de encerrarse en su despacho como lo suele hacer, decidió sentarse en el salón de té y convertirlo en su oficina personal. Mientras él trabajaba, Alice e Isadora se reían a carcajadas, burlándose porque Zoe tiene a la bestia bajo control.
En cambio, Zulema y Daren, preocupados por su situación, se acercaron a Isaías.
—Isaías, ya que todo el peligro ha pasado y Zoe está a salvo, necesito volver a mi vida y at