La soberbia del alfa.
En cambio, Isaías, que regresó a la manada, discutía internamente con su lobo que no dejaba de reclamarle, y cuando se vistió, lo primero que hizo fue llamar a su beta, por el enlace mental, y ni siquiera pensó en la incómoda conversación que habían tenido en la mañana. Lo único que le preocupaba era este nuevo giro que la vida le estaba dando.
—¡Zoe!, ¡¿ella es tu luna?! — exclamó Ronald cuando Isaías le contó. Estaba tan abrumado que aún no podía procesar todo.
—¡¿Hijo estás seguro?!
Dijeron