Una vez que estuvo lista, Elizabeth bajó para comer algo, Federico la esperaba.
— ¡Oh, se ve todo muy rico! Melesia es una muy buena cocinera —exclamó sonriendo.
Federico asintió.
— Vengo muy poco por aquí, de niño solía venir con mis abuelos, cuando mi madre se fue...
Elizabeth soltó el tenedor y él de repente, dejó de hablar.
—¿Sí? —dijo ella, interesada.
— Olvídalo, son cosas pasadas. ¿Quieres ir a conocer los establos después?
Ella se quedó estupefacta. Se dio cuenta que era muy difícil lo