A la hora señalada, los novios se despidieron para partir hacia su viaje de bodas.
Pasarían la noche en el hotel que era propiedad de Federico y luego partirían hacia un destino que él mismo había elegido para su esposa.
Apenas subieron a la limusina, él la atrapó entre sus brazos y comenzó a besarla sin dejarla respirar.
—¿Puedes esperar a llegar al hotel? —dijo la joven riendo—. Apenas puedo moverme con este vestido.
Aunque se habían cambiado de ropa durante la fiesta para estar más cómodos,