Después de cenar, Adrián se retiró para dejar a los esposos solos. Conservaba la esperanza de que, en algún momento, su hija recordara… o al menos, se enamorara de Federico. Más adelante vería cómo ganarse su amor. Por ahora, sólo quería verla feliz.
Cuando se quedaron a solas, Federico la invitó a ver una película en la sala de cine que tenían en la residencia. Ella lo miró, asombrada.
—¿¡Tienes una sala de cine aquí!? Vaya…
Él hubiera querido decirle que fue ella quien le pidió tener una, porq