Ya de regreso en casa intentaron olvidar lo que no sabían si había ocurrido o no, pero les llevaría tiempo recuperar la comodidad que compartían al estar juntos. Cuando Romma lo miraba, se recriminaba haber invitado a Sandro a su casa de campo. Y Sandro evitaba mirarla a la cara, para no incomodarla más.
En los días siguientes, ya con la rutina del trabajo y las ocupaciones con los preparativos de la boda, fueron dejando atrás aquella situación y volvían relativamente a la normalidad.
Romma le