Como todas las mañanas de mi cumpleaños, esa fue un tormento. La lluvia empapaba los ventanales del balcón de mi habitación y las lágrimas empapaban mi rostro.
Era este día uno de los más duros, desde siempre. Siempre hubo una sensación nostálgica al ver como mi papa no lo recordaba, no escuchar una palabra de cariño salir de su boca.
Pero lo que de verdad me mataba era Reaven. A todos les había dicho que su muerte había sido unos días después de mi cumpleaños, pero era ese día, justo mi día.