—Ya mi amor, tranquila, yo estoy contigo y si ves nadie te juzga, solo ella y se ha ido.
—Y ya no me importa si me juzga o no, me duele saber que no se arrepiente de nada y que sigue repartiendo culpas sin mas.
—Entonces ven, tu familia nos espera para comer.
Mis abuelos habían perdido la batalla con ella, intentaron que fuera distinta y no lo lograron, quizá por eso es que me querían tanto a mi, por darme un poco de lo que me faltó con ella. Hay mujeres en las que el instinto de maternidad no d