—El asunto es que jamás me llevé bien con mi familia —comienza Rosanna, no logro asimilarla como la mamá de Di, ayuda—. La familia Quijano siempre fue vista en el vecindario como una familia ejemplar, con integrantes amables y el matrimonio perfecto. Pero era pura habladuría, pues bajo la fachada de perfección aguardaba un secreto oscuro: Los padres eran traficantes de cocaína. Y tenían su pequeña "empresa" con la cual sacaban lo suficiente y no se metían con los grandes, pero como siempre, sur