—Sí, lo pensé y lo vi, no estoy ciega. Pero no sabemos qué tanto Di sabe, ni siquiera sabemos si Di sabe algo —muerde su labio inferior, parece nerviosa—. No te lo dije antes por miedo, pero no creo que sepa un carajo. Hace días me enfrentó, me dio a entender que sabía lo de las chicas. Y se portó bien, parecía tranquila y confundida. Parecía querer creer que tú eras el malo.
Soy el malo, Elisa. No el peor de todos, pero ambos sabemos que no estoy limpio. Y ella tampoco... aunque no está tan ma