Capítulo 25: La pausa que duele
La cocina estaba en completo silencio.
El desayuno seguía servido.
Las frutas empezaban a oxidarse en los bordes.
Las tostadas, frías y duras como piedra.
El café, intacto, exhalaba un aroma amargo que parecía burlarse de la idea de una mañana normal.
Alejandra estaba sentada a la mesa, con la vista perdida más allá de la ventana. El mundo parecía moverse a un ritmo que ya no comprendía.
Su cuerpo estaba allí.
Pero su alma… no sabía muy bien en qué rincón d