La mañana de Navidad, Ethan llamó a la puerta de nuestra casa.
—Tía, mis papás salieron de viaje; este año paso la Navidad solo. ¿Puedo celebrarla con ustedes?
Preguntó con toda cortesía y mis padres no pudieron negarse, así que le abrieron.
Se sentó a mi lado como si nada.
Quise apartarme, pero habría sido demasiado evidente; me quedé donde estaba.
La tía que vino a cenar, sin saber que Ethan y yo estábamos distanciados, nos bromeaba como siempre.
Al principio él charlaba feliz con todos.
Pero,