CAPÍTULO 79.
Capítulo 79
La lluvia no daba tregua. Caía con una fuerza ciega, golpeando el techo del viejo coche de Elena como si quisiera aplastarlo contra el barro de la carretera. Dentro, el aire era espeso, cargado con el olor del miedo y el aliento entrecortado de las dos mujeres.
Las luces azules y rojas de las patrullas rebotaban en los espejos, creando un ambiente frenético y asfixiante.
Elena apretaba el volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
—Quédate atrás, Valeria... o Sofía,