—Cásate conmigo —dijo Dominic.
No fue una pregunta. Salió como una orden suave, algo que llevaba semanas atascado en su garganta y finalmente se abrió paso.
Mara se quedó mirando el anillo entre sus dedos. Simple. Sin piedras enormes ni diseños llamativos. Solo un aro dorado con una piedra pequeña que atrapaba la luz de la tarde, brillando como si tuviera vida propia entre sus manos temblorosas.
—Dominic.
—No tienes que responder ahora mismo —dijo él rápido, las palabras saliendo atropellada