Dara llamó el lunes por la mañana a las ocho y cincuenta y cinco.
Mara estaba en la mesa de su cocina con café y su computadora portátil, en la particular tranquilidad de un lunes que aún no le había exigido nada. Contestó, sabiendo por la hora que no era una llamada rutinaria.
“El caso de Helena”, dijo Dara. “Ha habido novedades”.
Mara cerró su computadora portátil. “Cuéntame”.
“Las autoridades han completado su evaluación preliminar de la declaración voluntaria de Helena y la documentación de