Clara estaba despierta cuando Mara entró.
Por supuesto que lo estaba.
Estaba sentada en el sofá con el portátil abierto y una taza de té enfriándose a su lado, con esa expresión particular de quien ha estado esperando dos horas y se esfuerza mucho por aparentar que no ha estado contando los minutos.
Miró la cara de Mara cuando cruzó la puerta y cerró el portátil.
—Siéntate —dijo Clara—. Y cuéntame todo.
Mara se sentó en el otro extremo del sofá, se abrazó las rodillas y miró al techo un mom