—No te muevas —dijo la costurera, alfileres entre los labios, ajustando la cintura del vestido con manos rápidas—. Casi termino.
Mara se quedó quieta frente al espejo de tres paneles, apenas reconociendo su propio reflejo. El vestido caía exactamente como en la fotografía que Clara le había mostrado meses atrás, la línea limpia abrazando su figura sin ningún exceso innecesario, la tela suave contra su piel de una manera que la hacía sentir, por primera vez en mucho tiempo, completamente ella mi