Capítulo 41 – Entregar vestidos.
Recostada en su cama, después de un intenso sexo, le observaba, mientras él acariciaba delicadamente mi rostro.
En aquel momento no me parecía una locura lo de irnos a vivir juntos. Despertar cada mañana al lado de ese guapísimo hombre, e irme a dormir entre besos y caricias. Era como estar en el paraíso.
Nos mirábamos con calma, estudiando minuciosamente los rasgos del otro, enamorados de lo que