Capítulo 30 – Pisar el orgullo.
Estaba cómoda en aquella cama, tanto que no quería levantarme, a pesar de escuchar el maldito teléfono una y otra vez, que no dejaba de sonar.
Me percaté en seguida de que aquella extraña cama a la que me abrazaba respiraba. ¿Y si no era una cama? Abrí los ojos, encontrándole allí, dormido, debajo de mí.
Sonreí, como una tonta, recordando c