El aire en la sala de audiencias estaba cargado de tensión, como si cada respiración de los presentes pudiera desencadenar una tormenta. Las luces fluorescentes iluminaban el rostro de Teresa, quien, por primera vez desde que todo había comenzado, parecía vulnerable. Nessa, a su lado, intentaba mantener la compostura, pero sus manos entrelazadas temblaban de manera notable.
Yo estaba sentada junto a papá, con Arzhel detrás de mí. Sabía que Cristopher estaba siguiendo todo desde una distancia se