Arzhel había visto a Rune en algún lugar, y él, por supuesto, tenía una rutina diaria para comenzar su día laboral; la primera de esas era venir a molestarme, lo hacía cada día desde que nos encontramos y, ha decir verdad, me sorprendía no haberle dado un golpe en la cabeza.
Mi cuerpo estaba preparado para encontrar alguna señal de él, pero no había nada. No lo vi en la entrada, ni cerca de mi oficina. Era como si la tierra se lo hubiera tragado. Me acerqué a una de las recepcionistas para preg