El cuarto estaba en silencio, pero mi mente no lo estaba en absoluto. Cada vez que cerraba los ojos, fragmentos de conversaciones, miradas y misterios se mezclaban en un torbellino que no podía controlar. El peso de todo lo que había aprendido esa noche, de las revelaciones de Arzhel y la profundidad de la traición de esos seres despreciables, me mantenía alerta.
A pesar de la tranquilidad que se respiraba en casa de los Whitfield, no podía sacudirme la sensación de que esto era una calma engañ