—¿Tú, preocupándose por Nessa? Eso sí es interesante. —Se enderezó, contenía una risa que parecía querer salir, colocó las manos en los bolsillos mientras me miraba con esa sonrisa que nunca desaparecía de su rostro—. Bueno, no soy quién para cuestionar tus intenciones. Pero te daré un consejo, Kenna: no confíes demasiado en ella. Nessa es… complicada.
—Gracias por el consejo. Lo tendré en cuenta. A pesar de que estés hablando de tu propia esposa —mi tono era seco, pero él no pareció notarlo.
A