Hice todo lo posible para permanecer en mi lugar. Fingía estar dormida aún, mi mente estaba corriendo a mil por hora. Las palabras de Arzhel resonaban en mi interior. Logré notar que dejó una bandeja sobre la mesa de noche, escuchaba el roce de su ropa por cada movimiento.
Dejé pasar un trago grueso, no sabía ni siquiera por qué me estaba escondiendo, pero aquí estaba, debajo de los edredones.
—¿Sigues dormida? —susurró como si esperara mi respuesta, y al mismo tiempo, no deseara despertarme. S