El hospital estaba demasiado tranquilo para todo el remolino de emociones que sentía en mi interior. Cada paso que daba resonaba como un eco martillando mi cabeza, mezclándose con los latidos descontrolados de mi corazón.
Arzhel caminaba a mi lado en silencio, su presencia, como siempre, era firme, pero no invadía mi espacio. Sabía que algo estaba mal, lo podía notar en su actitud, pero no sabía completamente la gravedad del asunto, ni de la culpabilidad que inundaba todo mi ser.
¿Y si algo le