Los gemelos cumplieron cinco meses y sus personalidades florecían más cada día. Alexander se había convertido en un manojo de energía al que le encantaba que lo abrazaran y le hablaran constantemente, mientras que Benjamin seguía siendo el observador que podía entretenerse durante períodos más prolongados con peluches y música. Elena y Marcus se habían adaptado a una rutina exigente pero gratificante que giraba enteramente en torno a las necesidades del niño. Las noches seguían siendo interrump