Los gemelos cumplieron diez meses durante una fría semana de finales del invierno. Alexander y Benjamin se habían convertido en pequeños exploradores que se arrastraban a gran velocidad y se subían a los muebles con gruñidos decididos. El apartamento resonaba con sus risas y el constante sonido de juguetes derribados. Elena y Marcus habían adoptado un ritmo que parecía casi sostenible, con Victoria ayudando varios días a la semana y el negocio de consultoría de Marcus funcionando sin problemas