La última semana terminó siendo un infierno, sobre todo para los niños, porque ya no se les permitía permanecer por mucho tiempo fuera de la casa y ahora se veían limitados a contemplar el mar y la arena que tanto adoraban, solo a través de los ventanales.
Ver su móvil, iluminándose cada hora exacta, mostrando como contacto un número privado, despertó su nerviosismo al inicio, pero después, se convirtió sin remedio en algo descorazonador.
El no conocer el paradero de Sander tenía a Alexander a