El médico encogió los hombros y tomó asiento, dejándose caer sobre el sofá, como si no pudiese sostener su cuerpo un segundo más.
—He llamado a la policía, lo siento.
—¿Te han pedido algo? —preguntó Alexander sin inmutarse.
Era razonable que su padre hubiese hecho lo que creyera necesario antes de acudir a él.
—No, aún no.
—Entonces…
—Eso estaba en mi oficina, sobre mi escritorio y no sé con exactitud cuánto tiempo llevaba allí. Porque la estuve buscando por medio hospital, desde que conversó c