El plan era sencillo. No podía resultar mal. Lo habían armado juntos, Rocío y Mauro, sin atreverse a hablar de nada más.
Había llegado el momento de despedirse y aunque esta vez no había habido gritos ni arrebatos de pasión, una sensación de vacío comenzaba a anidar en sus pechos, con intenciones de permanecer allí por el resto de la vida.
¿Cómo hacer posible lo imposible? ¿Cómo unir dos mundos tan diferentes sin que alguien salga herido? Rocío recordó aquel libro que había leído en su adolesce