Uno, dos, cinco días pasaron en los que Rocío no logró casi levantarse de su cama. La temible consecuencia de una descarga de adrenalina tan grande siempre es su descenso y ella lo estaba viviendo.
La casa vacía resonaba con un nuevo eco en cada rincón. La cocina, el sillón y su propia cama sufrían la ausencia que sus ojos traducían en lágrimas eternas.
Ni siquiera el recuerdo lograba consolarla. Se había prometido no dejarse caer, había construido en su mente un final en el que aquella aventur