Como si aquella tarde hubiera marcado el inicio de un nuevo capítulo para los dos, las tardes que siguieron se convirtieron en el momento favorito de sus vidas. Aquel sillón, aquel ventanal, los besos, las palabras, los dulces, lo salado, todo formaba parte de un espacio único, nuevo, íntimo, sólo de los dos.
Que la hubiera llamado por su nombre, por más inocente que pareciera, lo había hecho parecer real y por eso le había comenzado a contar todo lo que venía a su mente.
Sus temores, sus ansie