Aquella confesión desbloqueó un nuevo nivel entre los dos. No lo dijeron, pero tampoco hizo falta. Esa misma tarde, se habían quedado abrazados, en un silencio que sólo llenaban las caricias esporádicas. No se miraban, sus ojos estaban perdidos en aquel inmenso jardín que no podían recorrer, como si allí pudieran encontrar una respuesta lógica a lo que les estaba pasando.
Rocío dibujaba el contorno de aquel tatuaje tan enorme en la pierna de aquel extraño, como si pudiera aprenderlo de memoria