Como si temieran que todo acabara de un minuto a otro, Mauro arremetió con todas sus fuerzas. La alzó con sus fuertes brazos mientras besaba su boca liberando todo su deseo, embarrando cada vez más lo que se suponía debía ser algo transitorio, un lugar donde quedarse para calmar las aguas, un escondite sin pechos exuberantes ni labios carnoso que lo desafiaran a cada segundo.
Rocío no podía creerlo. Estaba pasando, estaba pasando de nuevo y esta vez no iba a tener nada que los interrumpiera. Vo