Kael.
Todo estaba mal. La opresión en su pecho solo acrecentaba a medida que pasaba las páginas de aquel viejo diario personal. Le latía las sienes, el dolor de cabeza incrementaba, las lágrimas que bañaban sus mejillas le nublaban la vista, pero nada de eso podía hacerlo detener. Algo le decía, algo muy dentro de sí, le decía que continuase leyendo…
«11 de julio.
Por fin pude verte. Eres tan pequeñito y hermoso. Tu corazoncito late muy deprisa; el médico me explicó que es normal y que estás c