Nick
El dolor punzante en sus sienes solo incrementaba con cada segundo que pasaba. Sus ojos escocían, las lágrimas seguían bañando su rostro, haciendo surcos cristalinos y salados por sus mejillas. Aun así, siguió leyendo las páginas del aquel diario personal, tratando de armar las piezas del maldito rompecabezas. Todo había sido un engaño, una mentira y ahora, ¿qué seguía? No podía pensar con claridad en estos momentos, porque el único pensamiento que predominaba sobre su racionalidad, era ir