Por la tarde, Leo se encontraba acurrucado en la cama, junto a Maggie, mirándola embelesado cómo ella dormía plácidamente, aunque desde que Claire se marchó, la bebé lo había torturado con sus llantos incesantes.
—¡Ah! Eres tan bonita durmiendo, ¿por qué no quieres estar conmigo? —reflexionó con tristeza.
En ese momento, la bebé suspiró profundamente y eso encendió las alertas del pelirrojo, que se preparó ante un posible despertar afligido, sin embargo, se tranquilizó al ver que Maggie contin