—¡Al fin llegaste! La acaban de ingresar a la sala de partos —dijo Maddie mirándome angustiada.
—¡Rayos! Espero que me dejen pasar —respondí.
En ese momento apareció una enfermera que, al verme, se dirigió a mí con una expresión seria.
—¿Usted es el padre?
Maddie volteó a verme con curiosidad, en tanto que yo respondí inclinando la cabeza de manera afirmativa.
—Sí.
—Muy bien, venga conmigo —indicó la enfermera.
Sin más, me despedí de Maddie, quien en ese momento juntó las manos como si fu