Leo brincó del susto al ver a esa caprichosa mujer, quien casualmente se encontraba afuera del ascensor.
—¿Rose? ¿Qué haces aquí? —cuestionó nervioso.
Manteniendo su expresión cínica, ella se acercó y respondió maliciosamente:
—Supe que ya firmaste el contrato. Oficialmente somos una pareja y, como te advertí antes, no te podrás escapar de mí.
Ante esta situación, Luis se interpuso y señaló fríamente.
—Supongo que el señor Hong no le dijo antes, pero en el contrato se estipula que todo encu