Me despierto en el hospital. Mi padre está dormido en el sillón junto a la cama, es de día y me entran unas ganas repentinas de echarme a llorar. He fastidiado la Noche Buena. Doy media vuelta en la cama, los cables a los que estoy enganchada me tiran de la piel pero me hago una bola de temblores llorosos. Me tapo la boca y aunque me duela en el pecho y no tenga aire en los pulmones, estoy en silencio.
JACK
—Joder, Cee. Coge el puto teléfono.
—¡Es Noche Buena, Jack! Venga... —me pasea sus uñas