Punto de vista de Mariana
No nos dimos la mano. No llegamos a un acuerdo formal. No se firmó ningún documento, no se pronunció ningún juramento, no hubo ningún momento en que ninguno de los dos dijera las palabras que lo harían real. Pero nos quedamos en la misma habitación, y ninguno se marchó. Ese era el acuerdo. Débil. Frágil. Lo suficientemente real como para mantener la distancia entre nosotros.
Yelena estaba sentada en el suelo entre nosotros, con un cuaderno abierto en el regazo y un bol