Merit
—No tienes que hacer esto, Mateo.
Salí por completo de las sombras heladas y entré en la dura luz amarilla del contenedor de envío abierto. Ambas manos las tenía levantadas bien altas por encima de la cabeza. Mantuve las palmas completamente abiertas para mostrar que no llevaba absolutamente ningún arma.
Mateo se giró al instante. Metió la mano bajo su cara chaqueta oscura y sacó una pistola plateada. Apuntó el cañón directamente a mi pecho en un solo movimiento fluido.
—¡Merit! —gritó Al