Punto de vista de Mariana
Marcó el número. El teléfono sonó una vez, dos veces, tres veces. Luego una voz respondió, baja y firme.
—Su Majestad.
—Petrov —dijo el rey—. Necesito que vengas al patio este. Solo. No le digas a nadie adónde vas.
Hubo una pausa. Luego:
—Estoy en camino.
El rey terminó la llamada y me miró.
—Estará aquí en cinco minutos. Te ayudará. Hará lo que sea necesario para proteger a mi hija.
Asentí.
—Entonces esperamos.
Petrov llegó a la casa segura en cuestión de horas, tal c